sábado, 30 de junio de 2012

Reflexión de una Athenea


Y así, nací del pensamiento de mi padre.
Y él dijó cuando, donde, como nacería.
Y yo salí armada, con casco, lanza y escudo.
Con hambre y mordí, y mi primer alimento fue la sangre.
Y grité, y nuestro mundo cayó a nuestros pies.
Y después mi padre me entregó las estrellas y con ellas adornó mi piel.
Hizó combinar mi melena, la suya y la del sol.
Me hizó libre como caballo salvaje, y entonces me perdió de vista.
Y en las noches de tormenta, subo a su lado, y observó como ilumina el cielo con su furia, y sólo digo:
"Aquí me tiene Padre, para luchar a su lado".

No hay comentarios:

Publicar un comentario